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Las bodas de Caná

Enviado por Kata el 26/04/2008 a las 08:22 PM
"Su madre le dijo a los sirvientes:
Hagan lo que Él les diga". Juan 2, 5
Para uno de los eventos de celebración de esta nueva Semana Santa, se me pidió que realizara una pequeña catequesis acerca de las Bodas de Caná. Al releer este texto, descubrí que hay tanto por decir que es mejor escribirlo.
1. "Tres días después hubo una boda en Caná de Galilea, en la que estaba la madre de Jesús. Invitaron también a la boda a Jesús y a sus discípulos". María, mujer buena y ejemplar, reconocida entre su pueblo, es invitada a compartir la alegría de los esposos. Jesús, como su hijo, también es invitado. Una vez más, después de haber permitido con su respuesta afirmativa la encarnación del Hijo de Dios, es ella la encargada de presentarlo en sociedad. Primera enseñanza obvia: donde está la Mamá, está el Hijo. A través de María, podemos llegar a Jesús.
2. "Se terminó el vino, y la madre de Jesús le dijo: -No tienen vino-. Jesús le contestó: ¿A ti y a Mí qué, mujer? Mi hora todavía no ha llegado". María, la madre perfecta, conocedora de los oficios del hogar y, muy seguramente, una invitada diligente y colaboradora, es la primera en descubrir que existe una necesidad, algo que ni siquiera los dueños de la casa han notado: ¡se acabó el vino! Ella ve, la necesidad humana, descubre esas carencias que existen en este mundo, y corre, le dice a su Hijo, segura de que Él tendrá la solución. Sin embargo, Jesús se muestra renuente... todavía no es tiempo. Pues bien, ambos son conscientes de su misión redentora. Ambos saben que Él ha venido a manifestar la gloria de Dios, a revelarnos su paternidad amorosa. Segunda enseñanza: María sabe lo que necesitamos e intercede por nosotros ante su Amado Hijo.
3. "Su madre dijó a los sirvientes: Hagan lo que Él les diga". Tal vez parezca un poco obstinada, pero María sabe que su Hijo, Misericordia Encarnada, no dejará de socorrer a quien lo necesite, sin importar lo grande o pequeño de su problema o necesidad. Las pocas palabras, que encontramos en los evangelios, pronunciadas por María, guardan una sabiduría infinita, la obtenida por una creatura que está íntimamente relacionada con su Creador.
"Hagan lo que Él les diga". Ella no busca el mérito propio, sino la colaboración de su Hijo, es Él quien tiene el poder... Él es el poder. ¿Dónde es más clara la Palabra acerca del papel intercesor de María? ¿Dónde se puede apreciar mejor su humildad? ¿Acaso alguién necesita más explicación acerca de la razón por la cuál los católicos amamos a María? Tercera enseñanza: María nos lleva a su Hijo y nos da la indicación más perfecta de como ser verdaderos cristianos: "Hagan lo que Él les diga".
4. "Jesús les dijo: - Llenen de agua las tinajas-. Y las llenaron hasta arriba. Añadió: - LLévenla ahora al maestresala-". ". Jesús nunca nos ha pedido algo que este fuera de nuestro alcance. Se vale de lo que tenemos, de lo que disponemos para suplir nuestras carencias. Necesitaban vino, pero Él hizo llenar de agua las tinajas y servir de allí a los invitados. Nada más. Sin fórmulas mágicas. No tuvieron que rogarle durante horas. Ni hacer sacrificios. Bastó la fé de una mujer: su Madre. Es así como debería ser nuestra fe: sencilla. Él hace milagros constantemente, a diario en nuestras vidas, pero son como el agua, terminan convirtiéndose en algo cotidiano que se olvida. Cuarta Enseñanza: Cuando Jesús nos pida algo, por absurdo o simple que nos parezca, debemos obedecerle. En eso consiste la fé en comprender que Él sabe lo que hace.
5. "Tan pronto el maestresala probó el agua convertida en vino... llamó al novio y le dijo: - Todos sirven primero el vino mejor; y cuando se ha bebido en abundancia, el peor. Tú, en cambio, has guardado el vino mejor, hasta ahora". Ya está. Eso fue todo. El agua se convirtió en vino. En un vino mejor que aquel que sirvieron primero. Un vino maravilloso que lleno de gusto a los invitados. Jesús puede hacerlo todo de nuevo. El puede transformar el agua en vino. Hacer de lo simple algo majestuoso. El puede. Quinta enseñanza: Sin importar cuál sea la situación de necesidad, miedo, angustia que vivamos, debemos tener la certeza de que si se lo pedimos, Él la transformará y hará que surja algo mejor que lo que teníamos antes.
Este texto es tan bello, que aún quedan muchas cosas por comentar, deberías leerlo y en el silencio buscar a Jesús para que convierta tu necesidad en solución. El puede transformar el agua en vino. Él puede. Si le entregas tu vida, Él hará con ella una obra maravillosa e inimaginable. Él sacará de tu agua ese vino que saciará a quienes te rodean. Él te hará parte de su plan de salvación. Pero no lo busques sólo, apóyate en María, ella es una madre dedicada y atenta que velará por ti e intercederá para que su Hijo te otorgue, a su tiempo, todas las bendiciones que te han sido destinadas.

Sigue la promesa...

Enviado por Kata el 26/04/2008 a las 08:21 PM
"Mas él salva al miserable mediante la aflicción,
le abre el oído por medio de la tribulación.
A ti tambien te arrancará de las fauces de la angustia,
en lugar amplio te pondrá sin estrecheces
y de tu mesa desbordará la grasa" Job 36, 15-16

El sufrimiento es una realidad humana de la que no podemos escapar, sin embargo, Dios se vale de esas situaciones críticas y dolorosas para invitarnos a regresar a Él. Nos ayuda en la dificultad y espera que nosotros le busquemos y le reconozcamos como la Luz en medio de la oscuridad. Como la salida a cualquier adversidad. Si bien es cierto, Dios no hace magia en nuestras vidas, si actúa en ellas para ponerlas de nuevo en el rumbo de su Voluntad cuando nos entregamos a Él con humildad, cuando admitimos nuestra pequeñez y contemplamos su Grandeza. No es que Dios se complazca con nuestro dolor ni lo provoque de alguna manera, este es casi siempre el resultado de nuestras propias acciones que terminan desencadenando en situaciones problemáticas que a veces se salen de nuestras manos y es allí cuando Él nos ofrece las suyas, sus manos perfectas capaces de solucionar cualquier imperfección que nosotros hayamos causado.
Y de nuevo, la promesa: Él nos sacará de la angustia, nos liberará del dolor y nos colmará con la abundancia. No se mide el Señor con sus promesas, Él nos dice que nos dará todo en una medida tan amplia que no recordaremos la escasez, ni la necesidad, ni el dolor, pero tampoco permitirá que seamos insensibles ante las necesidades de los demás.

En las manos de Dios

Enviado por Kata el 26/04/2008 a las 08:21 PM
"Propio es del hombre hacer planes
pero la última palabra es de Dios.
A los ojos del hombre todos sus caminos son rectos,
pero el Señor juzga las intenciones.
Enconmienda al Señor tus obras y tus proyectos
tendrán éxito". Prov. 16, 1-3

Algunas veces los cristianos hemos sido juzgados por nuestra paciencia y nuestra obediencia al Plan de Dios. A los ojos de los no creyentes parece que nos resignamos al devenir sin luchar por mejorarlo o cambiarlo, es más bien como que nos excusamos en la Voluntad de Dios para aceptar todo lo negativo que llega a nuestras vidas.
¿Quién nos conoce lo suficiente para saber qué es lo que nos conviene o no? ¿Quién puede guiarnos por el mundo para que obtengamos de él lo mejor? ¿Acaso no fue Dios mismo quien nos dio la vida y nos regaló la libertad de hacer con ella lo que queramos? ¿Es esa libertad un impedimento para acercarnos a Él?.
La libertad no es libertinaje, por el contrario, implica la responsabilidad de asumir las consecuencias de nuestros actos realizados dentro o fuera de unos parámetros y unas normativas éticas universales.
Asimismo, el libre albedrío nos permite movernos en el mundo dentro de la propuesta hecha por Dios. Nada nos obliga a obedecerle o seguirle (no somos sus esclavos ni sus juguetes), es una decisión individual, voluntaria y libre. Cuando lo aceptamos como el Padre Amoroso y Misericordioso que es, entendemos que sus designios son exactamente lo que debe ser.
Algunas veces nos empeñamos en prácticas o metas que no son lo mejor para nosotros y cuando las cosas no resultan culpamos a Dios, decimos que es "Su Voluntad", como si Él sólo quisiera llenar nuestras vidas con obstáculos, en realidad, no aceptamos que obramos en contra de nosotros mismos o de otros y por eso las cosas no se dieron.
Encomendar nuestros planes a Dios, poner en Sus Manos nuestros proyectos, ideas, anhelos y necesidades, es tan sólo aceptar Su Grandeza y su Sabiduría, es tratar de interpretar las señales que constantemente nos envía y seguirlas de modo que sólo cosas buenas nos puedan suceder.
No hay mejor patrocinador para los creyentes que Dios Padre, Él ha dispuesto todas las cosas en bien de los que ama, no debemos temer sino entregar humilde y fervorosamente nuestras vidas a su Providencia y, si somos pacientes, con el tiempo veremos verdaderos milagros ocurrir, nos ha tomado años enredar nuestras vidas en los problemas que tenemos ahora... Él, con amor y calma, deshará todos los nudos de nuestra madeja...

La promesa...

Enviado por Kata el 26/04/2008 a las 08:19 PM
"Pero cuando se cumplió el tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer. nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la condición de hijos adoptivos. I como prueba de que sois hijos, Dios ha enviado a vuestros corazones el Espiritu de su Hijo,que clama: "Abba, Padre" De suerte que ya no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo. eres tambien heredero por la gracia de Dios". (Gal 4,4) Este texto nos recuerda que, gracias a la misión redentora de Jesús, nosotros hemos adquirido la condición de hijos adoptivos de Dios. ¡Que maravilloso regalo de año nuevo! Redescubrir que Dios me ama como a una hija, Él, todo un Padre perfecto y bondadoso se ocupa de mí en todo momento. Más aún, se ha encargado de llenarme con su Espíritu de amor y sabiduría que me permite reconocerlo como un papá, no uno lejano y autoritario, rencoroso y castigador, sino como uno amoroso, cercano, disponible y atento a mis necesidades.
Cuando un hijo llega al seno de una familia ideal, el padre se encarga de prepararse para su nacimiento, busca una alcoba o un sitio especial que adorna con esmero y con todo lo mejor que puede dar, luego, mientras crece, le acompaña en cada paso, le enseña como escribir, montar en bicicleta y como amar. Durante la adolescencia le aconseja, le guía e instruye a partir de su experiencia, él conoce el mundo y ayuda a su hijo a conocerlo, enfrentarlo y, aún, a mejorarlo. Pero, sabiendo que la vida se acaba, el padre dispone todos los detalles para dejar a su hijo una herencia, en primer lugar se ocupa de lo importante: que sepa vivir bien, por eso le preocupa que estudie, que se labre un futuro a partir de un oficio o una profesión, le enseña como comportarse de manera recta y justa, le ayuda a reconocer lo bueno y lo malo para que siempre sepa decidir y, si está dentro de sus posibilidades, se preocupa por lo económico y destina dinero, propiedades, negocios o cualquiera de sus pertenencias para que, cuando falte, le ayuden a su hijo a construir su propio camino.
Ese es el amor de un padre humano, que aún sabiendo que es mortal, se preocupa por favorecer a su hijo aún cuando ya no pueda acompañarlo corporalmente. Y así, también el amor de Dios. Ese amor que previene todo lo que puedan requerir sus hijos, por eso nos deja su Palabra, envía a su Primogénito a pagar las deudas de nuestros pecados, nos llena con su Espíritu Santificador para que nos guíe a cada paso y dispone de todas sus riquezas para que vivamos como sus verdaderos hijos. Los hijos de Dios, del Rey de Reyes, del Señor de Señores, del Dueño del oro y la plata y de todo cuanto existe deben vivir en abundancia. Él ya nos ha hecho sus herederos. Es nuestro deber disfrutar de esta herencia de la mejor manera para complacerlo y hacerlo sentir orgulloso de nosotros.
Por eso, la pobreza es una afrenta a Dios. Todas las riquezas deberían ser distribuidas entre sus hijos de manera justa. Nadie debería tener hambre, ni sed, ni frío, ni andar desnudo, o sin salud. Pero no es su responsabilidad sino nuestra hacer de esta promesa una realidad, porque Él ya cumplió, pero nosotros no hemos sabido encontrar la forma de hacer que esa promesa fluya para darnos la libertad de vivir con todas las necesidades del cuerpo satisfechas y así poderlo seguir para alcanzar la riqueza espiritual. El dinero y las riquezas materiales son necesarias, pero pasajeras y Él ya dispuso todo en el banco del universo para que cuanto necesite uno de sus hijos le sea concedido. Es tiempo ya de hacernos cargo de nosotros mismos y reclamar esa herencia, la herencia del oro y la plata, pero sobre todo, la herencia de su gracia y su bendición.