"Propio es del hombre hacer planes
pero la última palabra es de Dios.
A los ojos del hombre todos sus caminos son rectos,
pero el Señor juzga las intenciones.
Enconmienda al Señor tus obras y tus proyectos
tendrán éxito". Prov. 16, 1-3
Algunas veces los cristianos hemos sido juzgados por nuestra paciencia y nuestra obediencia al Plan de Dios. A los ojos de los no creyentes parece que nos resignamos al devenir sin luchar por mejorarlo o cambiarlo, es más bien como que nos excusamos en la Voluntad de Dios
para aceptar todo lo negativo que llega a nuestras vidas.
para aceptar todo lo negativo que llega a nuestras vidas.¿Quién nos conoce lo suficiente para saber qué es lo que nos conviene o no? ¿Quién puede guiarnos por el mundo para que obtengamos de él lo mejor? ¿Acaso no fue Dios mismo quien nos dio la vida y nos regaló la libertad de hacer con ella lo que queramos? ¿Es esa libertad un impedimento para acercarnos a Él?.
La libertad no es libertinaje, por el contrario, implica la responsabilidad de asumir las consecuencias de nuestros actos realizados dentro o fuera de unos parámetros y unas normativas éticas universales.
Asimismo, el libre albedrío nos permite movernos en el mundo dentro de la propuesta hecha por Dios. Nada nos obliga a obedecerle o seguirle (no somos sus esclavos ni sus juguetes), es una decisión individual, voluntaria y libre. Cuando lo aceptamos como el Padre Amoroso y Misericordioso que es, entendemos que sus designios son exactamente lo que debe ser.
Algunas veces nos empeñamos en prácticas o metas que no son lo mejor para nosotros y cuando las cosas no resultan culpamos a Dios, decimos que es "Su Voluntad", como si Él sólo quisiera llenar nuestras vidas con obstáculos, en realidad, no aceptamos que obramos en contra de nosotros mismos o de otros y por eso las cosas no se dieron.
Encomendar nuestros planes a Dios, poner en Sus Manos nuestros proyectos, ideas, anhelos y necesidades, es tan sólo aceptar Su Grandeza y su Sabiduría, es tratar de interpretar las señales que constantemente nos envía y seguirlas de modo que sólo cosas buenas nos puedan suceder.
No hay mejor patrocinador para los creyentes que Dios Padre, Él ha dispuesto todas las cosas en bien de los que ama, no debemos temer sino entregar humilde y fervorosamente nuestras vidas a su Providencia y, si somos pacientes, con el tiempo veremos verdaderos milagros ocurrir, nos ha tomado años enredar nuestras vidas en los problemas que tenemos ahora... Él, con amor y calma, deshará todos los nudos de nuestra madeja...


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