"Mas él salva al miserable mediante la aflicción,
le abre el oído por medio de la tribulación.
A ti tambien te arrancará de las fauces de la angustia,
en lugar amplio te pondrá sin estrecheces
y de tu mesa desbordará la grasa" Job 36, 15-16
El sufrimiento es una realidad humana de la que no podemos escapar, sin embargo, Dios se vale de esas situaciones críticas y dolorosas para invitarnos a regresar a Él. Nos ayuda en la dificultad y espera que nosotros le busquemos y le reconozcamos como la Luz en medio de la oscuridad. Como la salida a cualquier adversidad. Si bien es cierto, Dios no hace magia en nuestras vidas, si actúa en ellas para ponerlas de nuevo en el rumbo de su Voluntad cuando nos entregamos a Él con humildad, cuando admitimos nuestra pequeñez y contemplamos su Grandeza. No es que Dios se complazca con nuestro dolor ni lo provoque de alguna manera, este es casi siempre el resultado de nuestras propias acciones que terminan desencadenando en situaciones problemáticas que a veces se salen de nuestras manos y es allí cuando Él nos ofrece las suyas, s
us manos perfectas capaces de solucionar cualquier imperfección que nosotros hayamos causado.
Y de nuevo, la promesa: Él nos sacará de la angustia, nos liberará del dolor y nos colmará con la abundancia. No se mide el Señor con sus promesas, Él nos dice que nos dará todo en una medida tan amplia que no recordaremos la escasez, ni la necesidad, ni el dolor, pero tampoco permitirá que seamos insensibles ante las necesidades de los demás.
us manos perfectas capaces de solucionar cualquier imperfección que nosotros hayamos causado. Y de nuevo, la promesa: Él nos sacará de la angustia, nos liberará del dolor y nos colmará con la abundancia. No se mide el Señor con sus promesas, Él nos dice que nos dará todo en una medida tan amplia que no recordaremos la escasez, ni la necesidad, ni el dolor, pero tampoco permitirá que seamos insensibles ante las necesidades de los demás.


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