Los católicos estamos acostumbrados a asistir por tradición a algunas de las celebraciones que se programan en nuestras parroquias, es como un plan que cumplimos para quedar bien con la familia, los de la Iglesia o porque creemos que así nos "ganamos" el favor de Dios. Pero, ¿realmente somos conscientes de lo que celebramos?
Miércole
s de Ceniza. En este día iniciamos nuestro caminar hacia esta Semana Mayor, con la ceniza que nos es impuesta, más que un rito mágico o un simple formulismo, en ese día se nos repite la invitación hecha por Jesús cuando decía: "Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios está cerca. Arrepiéntanse y crean en el evangelio" (Mc 1,15). La ceniza es un signo, una señal externa y visible, al recibirla estamos aceptando que deseamos seguir a Jesús, poner en práctica su ejemplo y sus enseñanzas y recomenzar dejando a un lado el egoísmo para renacer a una nueva vida más cristiana.
s de Ceniza. En este día iniciamos nuestro caminar hacia esta Semana Mayor, con la ceniza que nos es impuesta, más que un rito mágico o un simple formulismo, en ese día se nos repite la invitación hecha por Jesús cuando decía: "Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios está cerca. Arrepiéntanse y crean en el evangelio" (Mc 1,15). La ceniza es un signo, una señal externa y visible, al recibirla estamos aceptando que deseamos seguir a Jesús, poner en práctica su ejemplo y sus enseñanzas y recomenzar dejando a un lado el egoísmo para renacer a una nueva vida más cristiana.Cuaresma. Este es un tiempo dedicado a prepararnos para la fiesta de la Pascua, son 40 días que inician con el Miércoles de Ceniza y culminan antes de la conmemoración de la Cena del Señor el Jueves Santo. El número 40 tiene un significado simbólico en la Biblia, se refiere al tiempo de prueba y dificultades que pasamos durante nuestra vida. Así nos habla de los 40 días que duró el diluvio, 40 años de los judíos en el desierto y los 40 días que pasó Jesús, también en el desierto, antes de empezar su predicación. Esta es una época que debe vivirse a través de la oración (como encuentro personal y verdadero con el Dios que transforma), el ayuno (como renuncia a todo lo que impide nuestro crecimiento y la práctica del verdadero amor) y la limosna (el compartir fraterno dentro de la comunicación cristiana de bienes), pero no haciendo alarde de nuestras prácticas sino con humildad: "Guardaos de practicar vuestra justicia delante de los hombres para que os vean; de otro modo, no tendrás mérito delante de vuestro Padre Celestial" Mt 6,1.
Para vivir la cuaresma con sentido es bueno apoyarse en la lectura de del capítulo 6 del Evangelio de San Mateo.



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